(Por Gianni in Testa)
Por alguna razón, los colombianos siempre nos creemos víctimas de una oscura conspiración Judeo-Masónica, de proporciones siderales, dónde las oscuras fuerzas del mal se han confabulado con garra de Satán (el malo de Centella), el Opus Dei, La CIA, el FBI, los Talibanes, el gobierno de Venezuela y el presidente de Corea del norte... para evitar que nos pongamos en el privilegiado lugar que nos depara la historia. Como cuando los mecánicos de Williams le dañaban el carro a Montoya para que no le ganara a Shumacher o cuando los maléficos compañeros del Atlético de Madrid no le pasaban el balón a Falcao para que no hiciera tantos goles. No sé la razón, pero creo que se debe a una salida fácil a nuestra larga saga de frustraciones acumuladas por años y años (Nunca es por nosotros o nuestra incapacidad, es por la envidia de los demás, o porque somos colombianos simplemente y nos tienen bronca, todo el planeta se muere de las ganas de ser colombiano y no puede).